viernes, 30 de marzo de 2012

Olvidar bebiendo


El experimento que han hecho unos investigadores estadounidenses, y que ellos mismo reconocen que empezó como una idea realmente loca, parece una historia sacada de la vida misma o de una película. Ella me dijo no, me doy a la bebida, sería el título. Pero los científicos lo han hecho con moscas del vinagre (Drosophila melanogaster) y lo que han encontrado es un mecanismo molecular directamente implicado en la reacción del cerebro ante la demanda de gratificación. Las moscas macho del ensayo de laboratorio, cuando son rechazados por las hembras, se dan al alcohol, mientras que los machos sexualmente satisfechos, se abstienen.
La cosa empezó en un laboratorio de la Universidad de California en San Francisco hace unos años como una idea loca, recuerda Galit Shohat-Orphir. Los investigadores sospechaban que podría haber algún mecanismo cerebral que relacionase las experiencias sociales como el rechazo sexual con estados psicológicos como la depresión del sistema cerebral que responde a la gratificación. Decidieron probar. Ahora presentan los resultados del trabajo en la revista Science.
En el experimento se forman dos grupos moscas machos para ser sometidos a dos experiencias sexuales distintas, explican los científicos. Unos pasan sesiones de una hora de duración de rechazo de por parte de las hembras que ya se han apareado, tres veces al día durante cuatro días. “Esto suprime el comportamiento de cortejo de los machos incluso ante hembras receptivas”, escriben Shohat-Ophir y sus colegas en su artículo. Los del otro grupo “experimentan sesiones de seis horas de apareamiento con múltiples hembras vírgenes receptivas, en una proporción de uno a cinco, durante cuatro días”. En el siguiente paso, los machos no satisfechos sexualmente se ponen en un nuevo recipiente en el que pueden elegir entre alimento normal y alimento al que se ha añadido un 15% de alcohol, y esas moscas que no se han podido aparear eligen preferentemente el segundo, mientras que los machos satisfechos, ante la misma elección, rechazan el alimento con etanol.

Los machos sexualmente satisfechos se abstienen de consumir etanol 
La diferencia de comportamiento responde a lo que pasa en el cerebro de unos y de otros, explican los científicos. Según han descubierto, una pequeña molécula (denominada neuropéptido F) en el cerebro de las moscas, o más bien el nivel de esas moléculas, gobierna las diferentes conductas. El neuropéptido en cuestión es un regulador de la búsqueda de gratificación. Así, los machos que logran aparearse con éxito tienen gran cantidad de esa molécula en el cerebro, mientras que los rechazados tienen niveles inferiores y buscan una gratificación alternativa consumiendo alcohol hasta la intoxicación.
Los investigadores han verificado este hallazgo haciendo también experimentos con moscas transgénicas. Mediante ingeniería genética han manipulado el nivel del neuropéptido F. Cuando se activa la producción de esa molécula en el cerebro de machos que no se han apareado estos actúan como si estuvieran satisfechos sexualmente y rechazan voluntariamente el alcohol. Sin embargo, cuando se baja el nivel del neuropéptido, los machos, aunque estén satisfechos sexualmente, actúan como si hubieran sido rechazados por las hembras y se dan a la bebida.
Una molécula similar en humanos, el neuropéptido Y, puede igualmente disparar los comportamientos como el consumo excesivo de alcohol, y los investigadores se plantean que tal vez sea una pista para, en el futuro, poder tratar mediante este mecanismo los problemas de las adicciones. De hecho, recuerdan los científicos, los niveles del neuropéptido Y en el cerebro humano se reducen en personas que sufren depresión y problemas postraumáticos, lo que puede predisponerlas al alcohol. Pero se tardará tiempo en poder abordar este hallazgo en moscas como nuevo enfoque terapéutico en humanos, advierten los científicos. La molécula en cuestión está implicada, además, en la alimentación, la ansiedad y el sueño

jueves, 15 de marzo de 2012

¿HOMO ASIATICUS?


Unos seres humanos modernos, pero con rasgos muy primitivos, habitaron hace entre 14.500 y 11.000 años en el suroeste de China, compartiendo espacio y tiempo con nuestra propia especie. Son la 'gente ciervo rojo' (red-deer, en inglés), de la que hasta ahora no se tenía noticia y cuyos fósiles, aún rodeados de muchos misterios, han sido presentados en la publicación científica PLoS ONE.
Los restos, según explican sus descubridores, son fragmentos del esqueleto de cuatro individuos diferentes y fueron encontrados en dos yacimientos distintos: en Longlin (provincia de Guangzi) y en Maludong (provincia de Yunna), ambos en la misma zona del sur del país.
Hasta ahora, nada similar se había encontrado en Asia, recuerdan los investigadores chinos y australianos que, bajo la dirección de Darren Curnoe (de la Universidad de Nueva Gales del Sur). Los humanos más parecidos a éstos son, como publican en su artículo, los que se han encontrado en Nigeria o Sudáfrica, pero de una antigüedad mucho mayor, más de 100.000 años.
Cráneo de Longlin (China). |Darren Curnoe
Cráneo de Longlin (China). |Darren Curnoe
¿Qué hacían entonces en China estos humanos 'ciervo rojo' (nombre que deben a la Cueva en la que se hallaron y a la cantidad de restos de este animal que se encontraron)? "Existe dos opciones: la primera, que sean un linaje evolutivo nuevo, quizás diferente de los 'Homo sapiens'; y la segunda que sean los representantes de una muy temprana, y desconocida hasta ahora, salida de África de los humanos modernos, una población que pudo no contribuir genéticamente a la gente que vive hoy", explica Curnoe.

Nueva salida de África

Si la segunda hipótesis fuera acertada, significaría, según el investigador australiano, que había una gran diversidad de poblaciones humanas en África antes de su dispersión por Eurasia, hace unos 80.000 años. "Este grupo pudo interactuar de una forma muy limitada, sin dejar huella", añade.
De momento, los investigadores, aunque lo han intentado, no han podido extraer ADN de los huesos para poder probar sus parentescos. Hasta que no lo consigan, y siguen en ello, reconocen que no podrán saber si estos humanos tuvieron alguna relación con los denosivanos, una especie encontrada en Siberia de la que sólo se tiene el ADN, o con otras especies.
Poco se sabe de cómo era el comportamiento de estos arcaicos 'sapiens' asiáticos. Se sabe que vivieron al final de la Edad de Hielo ysobrevivieron al Último Máximo Glaciar, uno de los periodos climáticos más fríos, hace entre 15.000 y 11.000 años, un periodo de transición del Pleistoceno al Holoceno, con cambios en el clima que propiciaron en las comunidades.
"Fue entonces cuando desapareció la mega-fauna de muchos lugares, incluso los ciervos rojos gigantes que explotaban estos humanos de la Red Deer Cave. Sabemos que les gustaba el sabor del venado, porque hay evidencias de que lo cocinaban", comenta Curnoe.
Excavación Maludong en 2008. | Darren Curnoe
Excavación Maludong en 2008. | Darren Curnoe
Al mismo tiempo, los 'Homo sapiens' modernos empezaban ya a fabricar las primeras cerámicas para almacenar alimentos y a cultivar arroz salvaje, los primeros pasos hacia la agricultura y la ganadería que inició el Neolítico. Por ahora, no se sabe si ambos grupos llegaron a interactuar o a competir por los recursos.

Restos en cajas

Los fósiles de la cueva de Longlin fueron descubiertos por vez primera en 1979 por el geólogo de una compañía petrolífera. Encontró parte de una mandíbula y fragmentos de costillas. Los restos del esqueleto estaba incrustado en una roca de la que no se pudo sacar, por lo que se guardó en unas cajas en la ciudad de Kunming.
Allí han estado 30 años, hasta que en 2009 el arqueólogo chino Ji Xueping, cofirmante del hallazgo, los encontró y se los enseñó a Curnoe y decidieron reconstruir el esqueleto. Entre los huesos encontraron trozos de carbón que les permitió saber, por radiocarbono, que tenía 11.500 años. "Que fuera tan reciente fue una gran sorpresa", reconoce el australiano.
En la cueva de Maludong, que era una cantera, los primeros fósiles se encontraron en 1989, pero los arqueólogos locales no fueron descritos con detalle y también acabaron olvidados, durante dos décadas, en un cajón. Hasta que en 2008, Curnoe y su equipo iniciaron en el lugar una nueva campaña de excavación en Maludong y encontraron nuevos fósiles.
Estos restos, según las dataciones, tenían 14.500 años y tras compararlos con los de Longlin encontraron que tenían muchas características en común. "Cráneos y dientes son muy similares y muestran una extraña fusión de rasgos anatómicos arcaicos y modernos, así como algunas características no vistas previamente", apuntan los paleontólogos en el artículo.