jueves, 7 de junio de 2012

Colisión de galácticas dimensiones


La Vía Láctea colisionará con su galaxia más cercana, Andrómeda, dentro de 4.000 millones de años. Así lo ha calculado un equipo de científicos de la NASA basándose en las observaciones realizadas con el telescopio Hubble.


"Después de casi un siglo de especulaciones sobre el destino de Andrómeda y nuestra Vía Láctea, por fin tenemos una idea clara de cómo se desarrollarán los acontecimientos en los próximos miles de millones de años", señaló Tony Sohn del Space Telescope Science Institute en Baltimore (Maryland) en un comunicado.


Las simulaciones con ordenador realizadas con los datos del 'Hubble', muestran que tras el impacto inicial ambas galaxias tardarán otros 2.000 millones de años en fusionarse por completo bajo el efecto de la gravedad y que tome la forma de una galaxia única elíptica similar a las que son comúnmente vistas en el universo.


Las estrellas dentro de cada galaxia se hallan tan lejos las unas de las otras que los expertos no creen que puedan chocar entre ellas, pero es posible que las estrellas "sean lanzadas a una órbita diferente alrededor del nuevo centro galáctico", explicó la NASA.


Los científicos observaron repetidamente una región específica de la galaxia en un periodo entre cinco y siete años y concluyeron que, aunque espera que la Vía Láctea sufra cambios, "nuestra Tierra y nuestro Sistema Solar no están en peligro de ser destruidos".

Extraños agujeros en Mercurio

Unas fotos hechas a Mercurio muestran agujeros que no se habían visto antes en ningún otro planeta del Sistema Solar. Las fotografías de alta resolución de la nave espacial de la NASA MESSENGER revelaron casquillos con formas irregulares, como los de un queso suizo, en Mercurio.


“Las características de estos cráteres son generalizadas tanto en latitud como en longitud," dijo el coautor del estudio David Blewett, del laboratorio de física aplicada en la Universidad Johns Hopkins en Maryland (EE.UU.). Apodados como “huecos”, estos accidentes geográficos pueden tener decenas de kilómetros de profundidad por pocos 


kilómetros de ancho, al revés que los cráteres de impacto que suelen tener varias decenas de kilómetros de ancho.


Se consideraba a Mercurio como un planeta geológicamente muerto con apenas cambios en su superficie en los últimos millones de años. Pero Blewett describió los huecos encontrados como “recién hechos”.


Los investigadores consideran la posibilidad de que los huecos se formaran durante el pasado volcánico de Mercurio. En otros planetas los volcanes dejaron depresiones sin montura, tales como calderas y conductos de ventilación.


Sin embargo, el equipo señala que los huecos son más pequeños que las piscinas volcánicas conocidas y los agujeros aparecen en lugares donde es poco probable que hubiese actividad volcánica.


Además, los huecos parecen recientes, ya que no muestran cambios posteriores. Las formas de los huecos de Mercurio tienen cierta similitud con agujeros en los casquetes polares de Marte, en la región conocida por los astrónomos como "Terreno de queso suizo", dijo Blewett.


Los huecos de Marte se forman a medida que el hielo de dióxido de carbono se volatiliza (convirtiéndose directamente en gas sólido) durante los cambios de temperatura de las estaciones. "Pero los huecos de Mercurio tienen lugar en roca sólida, no en el hielo. Se trata de una nueva forma de proceso geológico que ocurre en otros lugares, pero no tan vigorosamente", dice Blewett.


Los investigadores teorizan que estas formaciones podrían producirse cuando materiales volátiles como el azufre están expuestos al viento solar. Dado que el pequeño planeta no tiene ninguna atmósfera, estas partículas pueden golpear la superficie directamente vaporizando los minerales. También debido al intenso calor solar los minerales podrían entrar en “ebullición” hasta desaparecer.


Los investigadores no están todavía seguros de qué están hechas las rocas de Mercurio. Uno de los objetivos de la misión del MESSENGER es encontrar la composición de la superficie del planeta.